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jueves, 31 de diciembre de 2020

MES DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE MARÍA - DÍA ÚLTIMO

Tomado de la obra publicada por el P. Luis Ángel Torcelli OP, traducida y publicada por don Leocadio López en Madrid, año 1861, con aprobación eclesiástica.
 
MES DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE MARÍA SANTÍSIMA
   
         
ORACIONES INICIALES
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
   
℣. Abrid, Señor, mis labios.
℞. Desatad mi lengua para anunciar las grandezas de la Virgen Inmaculada, y cantaré las alabanzas de vuestra misericordia.
   
℣. Venid en mi auxilio, oh Reina inmaculada
℞. Y defendedme de los enemigos de mi alma.
    
Gloria al Padre, gloria al Hijo y al Espíritu Santo, que preservó inmaculada a María por los siglos de los siglos. Amén.
   
HIMNO
    
Coro: Oh Madre dulce y tierna
Oye la triste voz,
La triste voz del mundo,
Que te demanda amor.
   
I
Salve, salve, Inmaculada,
Clara estrella matutina,
Que los cielos ilumina
Y este valle de dolor;
Tú, con fuerza misteriosa
Por salvar la humana gente,
Quebrantaste la serpiente
Que el infierno suscitó.
    
II
Salve, salve, Madre mía,
Tú bendita por Dios eres
Entre todas las mujeres
Y sin culpa original.
Salve, ¡oh Virgen! esperanza
Y remedio apetecido
Del enfermo y desvalido,
Y del huérfano sin pan.
    
III
Tú del nuevo eterno pacto
Eres arca y eres sello;
Luz espléndida, iris bello
De la humana redención.
Tú llevaste en tus entrañas
El que dio a la pobre tierra
Paz y amor, en vez de guerra,
Y a sus crímenes perdón.
    
IV
Eres bella entre las bellas,
Eres santa entre las santas,
Alabándote a tus plantas
Coros de ángeles están.
Resplandece tu pureza
Más que el campo de la nieve,
Y de ti la gracia llueve
Sobre el mísero mortal.
    
V
Virgen cándida, cual lirio,
Eres fuente cristalina
Donde el triste que camina
Va a calmar la ardiente sed.
Gentil palma del desierto,
Que da sombra protectora
Al que su piedad implora
Consagrándole su fe.
   
VI
¡Gloria al Padre, Gloria al Hijo,
En la tierra y en el cielo!
¡Gloria al que es nuestro consuelo,
Al Espíritu de Amor!
Y la Virgen sin mancilla
Siempre viva en la memoria,
Y en su honor repita Gloria
Nuestro amante corazón.
    
DÍA TRIGÉSIMOPRIMERO - LA DEFINICIÓN
Et benedíxtit diéi séptimo et sanctificávit illum, quia in ipso cessáverat ab omni ópere suo. (Génesis II, 3).
          
Dios, al principio de los tiempos, disipadas las tinieblas de la nada con la creación de la luz, dictadas al cielo y a la tierra leyes para lo futuro, adornado el hombre de inmaculada belleza, en un venturoso presente que podía eternizarse en un porvenir de bienaventuranza, bendijo el último de los días y le consagró a la quietud y al descanso. Del mismo modo la mano del sucesor de Pedro, verdadera imitadora de Aquel de quien es representante sobre la tierra, en medio de los tiempos, desgarradas las tenebrosas nubes del pasado, y dictando al presente y al porvenir, hizo brillar el cielo cristiano con una luz de inmaculado candor, y presentó a nuestros ojos a la Virgen María, como salió de las manos de Dios, desde su primera concepción, coronada con la aureola de la inocencia. Y los pueblos, que no ansiaban otra cosa sino que desapareciese toda duda y toda misteriosa incertidumbre, pudieron con la luz de la fe contemplar en todo su esplendor el hermoso misterio de María, desde los más vecinos hasta los más remotos límites de la tierra: desde las regiones más populosas y civilizadas a las más desnobladas y salvajes, se unieron para saludar el día de la sublime definición (8 de Diciembre de 1854) como el principio de la felicidad del universo. Le miraron como un día más sagrado que aquel en que se concluyó el edificio del mundo, y rebosando en júbilo y alegría, descansaron a la sombra de la Virgen inmaculada, como debajo de un iris de gracia y de gloria aparecida para formar el pacto de la alianza, de la paz y del consuelo. El Señor, por las manos de Pío IX, completó el último anillo del culto cristiano, ensalzó a María como convenía a la Madre del Inmaculado de los siglos, y nos bendijo con los rayos sin mancha de una Virgen purísima, que forma el gozo de nuestro corazón y las delicias del corazón de Dios. Era una época de duelo y de desgracia; pero sobre las ruinas de los humanos consuelos, la bendita entre las mujeres aparecía para enaltecer el templo de su inmaculada belleza. Voló por donde quiera su luz, como un día el Espíritu del Señor sobre las aguas del abismo, para iluminar con una esperanza celestial a los pueblos que se hallaban sumidos en la tribulación y en lucha con ella. Así mientras el dolor se paseaba por la faz de la tierra, sembrando por todas partes la carestía, el humo y el estruendo de las batallas y los horrores de una enfermedad epidémica y mortífera, María, como estrella de la mañana, envió su celeste rayo, cándido de luz inmaculada, para consolar nuestras miserias, para disipar las calamidades de la guerra, salvar a las víctimas de la enfermedad, y esparcir por todas partes su benéfico influjo, como si quisiese decirnos: «Ahora que falta todo consuelo terreno, me muestro a vosotros en todo mi esplendor para llevaros los consuelos del cielo».
    
CÁNTICO
Os alabamos, María: os confesamos inmaculada. Vos sois hija del Eterno Padre, del Eterno Hijo, esposa del Eterno Espíritu: os saluda la tierra.
A Vos todos los ángeles y los cielos de los cielos, con las voces de los querubines y serafines, proclaman: Santa, Santa, Santa (San Buenaventura, Cántico a la Bienaventurada Virgen María), Inmaculada Virgen y madre del Dios de los ejércitos.
A Vos ensalza el coro de los Apóstoles y de los Profetas: a Vos admira toda la Iglesia.
Hija de inmaculada belleza, esposa de purísimo consorcio, madre de virginal candor.
Vos acogisteis en vuestro seno sin mancha al amable Jesús, que vino a librarnos de la esclavitud de la muerte.
Acordaos, pues, de vuestros hijos que fueron redimidos con la preciosa Sangre de vuestro Unigénito.
Abridnos las puertas eternales, para que entremos a gozar la gloria de los santos.
Salvad, ¡oh María!, a este vuestro pueblo, y bendecid todas las generaciones de la tierra.
Celebraremos todos los días vuestra gloria, y alabaremos vuestro nombre en los siglos de los siglos.
Cubriremos de luces los altares, os presentaremos los afectos del corazón, y caerá sobre nosotros vuestra misericordia.
En Vos hemos puesto nuestra confianza, oh Virgen inmaculada: Vos nos defenderéis eternamente.
Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, que preservó inmaculada a María, por los siglos de los siglos. Amén.
    
ORACIÓN
He considerado con gozo de mi alma la gloria de vuestra inmaculada hermosura, ¡oh Virgen bendita! Os he dirigido un cántico de reconocimiento y de amor; y aunque débiles y enfermizos, os he presentado como mejor he sabido mis más sinceros afectos. Cuantas veces os he invocado en el curso de este mes venturoso, otras tantas os apresurasteis a concederme benignamente los dones del cielo. Os pedí con frecuencia un ánimo más dócil a vuestros deseos, y mi corazón se ablandaba como cera ante las verdades eternas; os pedí compasión para llorar mis pecados, y las lágrimas brotaban en abundancia de mis ojos para lavar mi espíritu de las inmundicias de la culpa; os rogué me dieseis fuerza para huir del vicio у amar la virtud, y el vicio me asusto más que el infierno, y la virtud me pareció hermosa con incomparable belleza, con esa belleza inefable que adorna vuestro semblante, ¡oh inmaculada mía! ¡Ay!, ¿de qué me sirven tanta gracia y tantos dones, si después de un breve enternecimiento dejo endurecer otra vez el corazón? ¿Si después de las lágrimas vuelvo a esa iniquidad que he detestado? ¿Si después de haberme prendado un instante de los atractivos de la virtud me dejo llevar de los engaños del vicio, que poco antes aborrecía? Por piedad, concededme, ¡oh María!, que de aquí en adelante persevere en los santos propósitos que Vos misma me habéis inspirado; Vos que no me negasteis gracia alguna cuando la imploré con la sinceridad del corazón, otorgadme esta que formará el complemento de todas las demás, y me hará alabar por toda la eternidad ese inmaculado esplendor con que Dios os adornó desde vuestra Concepción, para enamorarme en Vos de las delicias del celestial paraíso. Amén. Tres Ave Marías.
   
CONCLUSIÓN PARA CADA UNO DE LOS DÍAS
 
Después de la Letanía Lauretana, se concluirá así: 
  
LATÍN
Tota pulchra es, María,
Et mácula originális non est in Te.
 
Tu glória Jerúsalem,
Tu lætítia Ísraël,
Tu honorificéntia pópuli nostri,
Tu advocáta peccatórum.
  
O María, Virgo prudentíssima,
Mater clementíssima,
Ora pro nobis,
Intercéde pro nobis ad Dóminum Jesum Christum.
  
℣. In Conceptióne tua, Virgo, immaculáta fuísti;
℞. Ora pro nobis, Patrem, cujus Fílium peperísti.
    
ORATIO
Deus, qui per immaculátam Vírginis conceptiónem dignum Fílio tuo habitáculum præparásti: † quǽsumus; ut, qui ex morte ejúsdem Fílii tui prævísa, eam ab omni labe præservásti, nos quoque mundos ejus intercessióne ad te perveníre concédas. Per eúmdem Dóminum nostrum Jesum Christum Fílium tuum: Qui tecum vivit et regnat in unitáte Spíritus Sancti Deus, per ómnia sǽcula sæculórum. Amen.
 
TRADUCCIÓN 
Sois toda hermosa, María,
Y no hay en vos mancha original.
 
Sois la gloria de Jerusalén,
Sois la alegría de Israel,
Sois la honra de los pueblos,
Sois la abogada de los pecadores.
   
Oh María, Virgen prudentísima,
Madre de toda clemencia,
Rogad por nosotros,
Interceded por nosotros con Jesucristo, nuestro Señor.
   
℣. En vuestra concepción, Virgen Santísima, fuisteis inmaculada.
℞. Rogad por nosotros al Padre, cuyo hijo disteis a luz. 
   
ORACIÓN
Dios mío, que por medio de la inmaculada concepción de la Virgen preparasteis una habitación digna para vuestro Hijo, concedednos por su intercesión que conservemos fielmente inmaculado nuestro corazón y nuestro cuerpo para vos, que le preservasteis de toda mancha. Por el mismo Jesucristo, Señor nuestro. Amén.
   
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

miércoles, 30 de diciembre de 2020

MES DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE MARÍA ‐ DÍA TRIGÉSIMO

Tomado de la obra publicada por el P. Luis Ángel Torcelli OP, traducida y publicada por don Leocadio López en Madrid, año 1861, con aprobación eclesiástica.
 
MES DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE MARÍA SANTÍSIMA
   
         
ORACIONES INICIALES
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
   
℣. Abrid, Señor, mis labios.
℞. Desatad mi lengua para anunciar las grandezas de la Virgen Inmaculada, y cantaré las alabanzas de vuestra misericordia.
   
℣. Venid en mi auxilio, oh Reina inmaculada
℞. Y defendedme de los enemigos de mi alma.
    
Gloria al Padre, gloria al Hijo y al Espíritu Santo, que preservó inmaculada a María por los siglos de los siglos. Amén.
   
HIMNO
    
Coro: Oh Madre dulce y tierna
Oye la triste voz,
La triste voz del mundo,
Que te demanda amor.
   
I
Salve, salve, Inmaculada,
Clara estrella matutina,
Que los cielos ilumina
Y este valle de dolor;
Tú, con fuerza misteriosa
Por salvar la humana gente,
Quebrantaste la serpiente
Que el infierno suscitó.
    
II
Salve, salve, Madre mía,
Tú bendita por Dios eres
Entre todas las mujeres
Y sin culpa original.
Salve, ¡oh Virgen! esperanza
Y remedio apetecido
Del enfermo y desvalido,
Y del huérfano sin pan.
    
III
Tú del nuevo eterno pacto
Eres arca y eres sello;
Luz espléndida, iris bello
De la humana redención.
Tú llevaste en tus entrañas
El que dio a la pobre tierra
Paz y amor, en vez de guerra,
Y a sus crímenes perdón.
    
IV
Eres bella entre las bellas,
Eres santa entre las santas,
Alabándote a tus plantas
Coros de ángeles están.
Resplandece tu pureza
Más que el campo de la nieve,
Y de ti la gracia llueve
Sobre el mísero mortal.
    
V
Virgen cándida, cual lirio,
Eres fuente cristalina
Donde el triste que camina
Va a calmar la ardiente sed.
Gentil palma del desierto,
Que da sombra protectora
Al que su piedad implora
Consagrándole su fe.
   
VI
¡Gloria al Padre, Gloria al Hijo,
En la tierra y en el cielo!
¡Gloria al que es nuestro consuelo,
Al Espíritu de Amor!
Y la Virgen sin mancilla
Siempre viva en la memoria,
Y en su honor repita Gloria
Nuestro amante corazón.
    
DÍA TRIGÉSIMO - EL EDÉN OCULTO
Et emísit eum Dóminus Deus de paradísso. (Génesis III, 23).
          
Abierto el libro de la naturaleza, aunque la tierra en sus bellezas exteriores nos ofrezca contemplaciones bastante sublimes para recrearnos el ánimo, con todo, desde la época en que Adán comió el fruto del árbol de la ciencia con la esperanza de hacerse igual a Dios en la sabiduría, aquel conjunto augusto de todas las bellezas de la naturaleza, aquel jardín tan delicioso que supo formar la mano del Criador, ha permanecido siempre oculto para la humanidad con un velo misterioso. Estaban también abiertas las glorias de María, y una corona de estrellas colocada sobre su cabeza bendita hacia resplandecer a una Virgen que debía dar a luz al Supremo Hacedor: una Virgen Madre, Hija y Esposa de un Hijo divino, la Virgen inmaculada; este misterio de inaudita dulzura, esta incomparable prerrogativa de inocencia que hace a María el verdadero Edén inmaculado de la gracia, destinado a recibir al nuevo Adán Jesucristo, era también un misterio desconocido. Dios, que había preparado en la ley de amor este nuevo paraíso para destruir los efectos del humano orgullo, por una disposición nueva, le tuvo por algún tiempo oculto, para que el hombre, convencido de su propia insuficiencia e iluminado después por la fe, pudiese gozar de la extraordinaria belleza de un misterio que eleva a la criatura humana a una condición más sublime infinitamente que la de la primitiva inocencia. El Señor, que bajo la humildad de Jesucristo encubrió la grandeza de un Dios Redentor, oculto también la belleza de la Corredentora, a imitación de su aparente humilde condición. Si depositó en el silencio y en la oscuridad de la noche el más bello de los misterios de Jesús, en el silencio de los siglos colocó también el misterio de la belleza de María. Entre las tinieblas de aquella primera noche un ángel voló á manifestar el gran misterio a las cabañas de unos pocos y escogidos pastores, y entre las tinieblas de los primeros siglos, alguna luz del hermoso misterio del Elegido se vio cruzar a manera de ángel de inmaculado candor, desde la gruta del solitario hasta las catacumbas de los mártires. Por fin, fue dado a conocer a los hombres y mujeres, a los sacerdotes y los magos, a los reyes y a los súbditos el Ungido del Señor, pero sin impedir que las generaciones que crecían con Él dejasen de mirarle como el miserable hijo del carpintero José; así se hizo manifiesta a los santos y santas, a los doctos e indoctos la hermosura de María, pero sin impedir que las generaciones de muchos siglos la mirasen como la hija infeliz de Adán. El misterio de la Madre no debía presentarse de distinto modo que el del Hijo... Eres hermosa, debió decirla en los inmaculados abrazos de un eterno amor : eres completamente hermosa, pero ocultaré por algún tiempo tus rayos más puros para hacerte más semejante á mí; yo soy el Dios oculto (Isaías XLV, 15). Tú eres toda bella, pero tu belleza, deseada de los pueblos, deberá servir para consolar en medio de los tiempos los corazones de las generaciones afligidas; también yo, el deseado de las naciones, compareceré, no al principio, sino hacia el medio de los siglos (Habacuc III, 3). Tú eres completamente bella, pero figurarás por tu humildad, no sólo en el curso de la vida, sino también en la manifestación del misterio de tu belleza; yo soy el que voy a formar el reino de los humildes (San Lucas I, 52). Tú eres completamente bella, pero al mismo tiempo quedarás ofuscada, y yo diré a mi Profeta que ponga en tus labios que yo soy el sol de eterna belleza que te ha puesto pálida (Cánticos I, 5), para hacer conocer mejor que tu candor no es cosa terrena, sino un misterio celestial. Y yo consignaré el misterio de tu belleza en la Escritura, pero no descubriré su sentido sino a Pedro; haré correr en la sucesión de los siglos la tradición de tu inmaculada pureza, pero de modo que no brille con la luz de la fe hasta el tiempo establecido. Y cuando haya despuntado la aurora bendita, el sucesor del príncipe de los apóstoles, a presencia de los pastores de la Iglesia, en medio de la expectación del universo abrirá sus labios, no con las palabras persuasivas de la humana sabiduría, sino con la doctrina de mi espíritu, como mi único intérprete sobre la tierra, descorriendo con sus manos el velo que ha impedido la efusión de tus luminosos rayos, y proclamará el misterio de tu Inmaculada Concepción, tanto más bella, cuanto más misteriosamente ha estado oculta.
    
CÁNTICO
Desatad, Dios mío, si os agrada, los vínculos de mi vida, y descansaré en paz.
Al fin verán mis ojos sin ningún velo la mística belleza de vuestra Madre.
La belleza que misteriosamente encubristeis a la vista de las gentes para hacerla brillar con una luz más pura.
La belleza inmaculada que difunde sus rayos para iluminar a las naciones, la belleza de la que forma el consuelo, la alegría y la gloria de las naciones.
Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, que preservó inmaculada a María, por los siglos de los siglos. Amén.
    
ORACIÓN
Si la divina bondad hubiese hecho sencillamente resplandecer un solo rayo de vuestra belleza, ¡oh María!, habría sido tan puro y celestial, que bastaría para atraernos a todos hacia Vos; mas habiéndoos hecho brillar a manera de sol que por todas partes difunde sus rayos para bendecir con luz inmaculada e inspirar purísimos afectos a la redimida humanidad, ¿quién será el que pueda permanecer insensible sin sentirse irresistiblemente trasportado a los más vivos sentimientos de gratitud, de reconocimiento y de amor? Y, sin embargo, hay un corazón, ¡oh María!, que tantas veces ha permanecido mudo a las amables invitaciones de vuestra dulzura; y ese corazón (rubor me causa decirlo), Vos lo sabéis demasiado, ese corazón es el mío. Sal por fin, alma mía, de las tinieblas en que te ha sepultado tu iniquidad: sal a la luz inmaculada de María, para no volver a caer en ellas. Yo os amaré, ¡oh Virgen de mi corazón!, os amaré siempre, os amaré en la peregrinación sobre la tierra, en los días de la alegría como en los del dolor: os amaré en los confines de la vida al cumplirse los años del destierro, y os amaré después en la patria del cielo, al principiar esa gloria que dura siempre inmutable y sin fin. Tres Ave Marías.
   
CONCLUSIÓN PARA CADA UNO DE LOS DÍAS
 
Después de la Letanía Lauretana, se concluirá así: 
  
LATÍN
Tota pulchra es, María,
Et mácula originális non est in Te.
 
Tu glória Jerúsalem,
Tu lætítia Ísraël,
Tu honorificéntia pópuli nostri,
Tu advocáta peccatórum.
  
O María, Virgo prudentíssima,
Mater clementíssima,
Ora pro nobis,
Intercéde pro nobis ad Dóminum Jesum Christum.
  
℣. In Conceptióne tua, Virgo, immaculáta fuísti;
℞. Ora pro nobis, Patrem, cujus Fílium peperísti.
    
ORATIO
Deus, qui per immaculátam Vírginis conceptiónem dignum Fílio tuo habitáculum præparásti: † quǽsumus; ut, qui ex morte ejúsdem Fílii tui prævísa, eam ab omni labe præservásti, nos quoque mundos ejus intercessióne ad te perveníre concédas. Per eúmdem Dóminum nostrum Jesum Christum Fílium tuum: Qui tecum vivit et regnat in unitáte Spíritus Sancti Deus, per ómnia sǽcula sæculórum. Amen.
 
TRADUCCIÓN 
Sois toda hermosa, María,
Y no hay en vos mancha original.
 
Sois la gloria de Jerusalén,
Sois la alegría de Israel,
Sois la honra de los pueblos,
Sois la abogada de los pecadores.
   
Oh María, Virgen prudentísima,
Madre de toda clemencia,
Rogad por nosotros,
Interceded por nosotros con Jesucristo, nuestro Señor.
   
℣. En vuestra concepción, Virgen Santísima, fuisteis inmaculada.
℞. Rogad por nosotros al Padre, cuyo hijo disteis a luz. 
   
ORACIÓN
Dios mío, que por medio de la inmaculada concepción de la Virgen preparasteis una habitación digna para vuestro Hijo, concedednos por su intercesión que conservemos fielmente inmaculado nuestro corazón y nuestro cuerpo para vos, que le preservasteis de toda mancha. Por el mismo Jesucristo, Señor nuestro. Amén.
   
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

martes, 29 de diciembre de 2020

MES DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE MARÍA ‐ DÍA VIGÉSIMONOVENO

Tomado de la obra publicada por el P. Luis Ángel Torcelli OP, traducida y publicada por don Leocadio López en Madrid, año 1861, con aprobación eclesiástica.
 
MES DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE MARÍA SANTÍSIMA
   
         
ORACIONES INICIALES
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
   
℣. Abrid, Señor, mis labios.
℞. Desatad mi lengua para anunciar las grandezas de la Virgen Inmaculada, y cantaré las alabanzas de vuestra misericordia.
   
℣. Venid en mi auxilio, oh Reina inmaculada
℞. Y defendedme de los enemigos de mi alma.
    
Gloria al Padre, gloria al Hijo y al Espíritu Santo, que preservó inmaculada a María por los siglos de los siglos. Amén.
   
HIMNO
    
Coro: Oh Madre dulce y tierna
Oye la triste voz,
La triste voz del mundo,
Que te demanda amor.
   
I
Salve, salve, Inmaculada,
Clara estrella matutina,
Que los cielos ilumina
Y este valle de dolor;
Tú, con fuerza misteriosa
Por salvar la humana gente,
Quebrantaste la serpiente
Que el infierno suscitó.
    
II
Salve, salve, Madre mía,
Tú bendita por Dios eres
Entre todas las mujeres
Y sin culpa original.
Salve, ¡oh Virgen! esperanza
Y remedio apetecido
Del enfermo y desvalido,
Y del huérfano sin pan.
    
III
Tú del nuevo eterno pacto
Eres arca y eres sello;
Luz espléndida, iris bello
De la humana redención.
Tú llevaste en tus entrañas
El que dio a la pobre tierra
Paz y amor, en vez de guerra,
Y a sus crímenes perdón.
    
IV
Eres bella entre las bellas,
Eres santa entre las santas,
Alabándote a tus plantas
Coros de ángeles están.
Resplandece tu pureza
Más que el campo de la nieve,
Y de ti la gracia llueve
Sobre el mísero mortal.
    
V
Virgen cándida, cual lirio,
Eres fuente cristalina
Donde el triste que camina
Va a calmar la ardiente sed.
Gentil palma del desierto,
Que da sombra protectora
Al que su piedad implora
Consagrándole su fe.
   
VI
¡Gloria al Padre, Gloria al Hijo,
En la tierra y en el cielo!
¡Gloria al que es nuestro consuelo,
Al Espíritu de Amor!
Y la Virgen sin mancilla
Siempre viva en la memoria,
Y en su honor repita Gloria
Nuestro amante corazón.
    
DÍA VIGÉSIMONOVENO - EL NUEVO EDÉN
Plantáverat autem Dóminus Deus paradíssum voluptátis. (Génesis II, 8).
          
La inmaculada Virgen, tan bien figurada en las diversas partes y prerrogativas del paraíso terrenal, no podía dejar de hallarse representada en el jardín de las delicias (Abad Ruperto de Deutz, Comentario sobre los Cánticos, libro IV). Como Dios había plantado con sus manos ese mismo Edén, en que reunió todas las bellezas de la naturaleza para que el hombre gozase en él todos los placeres de la inocencia y para elevarle a aquel Señor que le colmaba de tantos beneficios, del mismo modo puso a María en la tierra como un nuevo Edén y la adornó con todas las bellezas de la gracia para que, formando las delicias del divino amor, bajase en ella un Dios para colmar de nuevos beneficios a la perdida humanidad. Y la misma tríade que reunió el poder, la palabra y el amor de un Dios para formar al primer Adán, se unió también del modo más consolador para embellecer al segundo. De María quiso el Padre de los cielos formar entre las criaturas la imagen más perfecta del Primogénito de los hombres, que engendró como su Hijo desde toda eternidad en el seno de la gloria; y el Altísimo la dijo con la complacencia de un paternal amor: «Serás inmaculada como primogénita entre mis hijas». De María quiso el Hijo unigénito formarse un templo santo, que no había servido de morada al infernal enemigo, y que daba a conocer la inmensa distancia que existía entre las madres de los hombres y la madre de un Dios; y el Altísimo la dijo en la complacencia de su filial amor: «Serás inmaculada como la Madre única del Señor». De María quiso el Espíritu Paráclito elegir una esposa digna del principio de toda santidad, una esposa privilegiada, como él lo es sobre todos los privilegios y la belleza de los esposos, y el Altísimo la dijo en la complacencia de su divino consorcio: «Serás inmaculada como la Esposa predilecta del amor eterno». Y he ahí formado el Edén del espíritu, esa tierra virginal sin abrojos ni espinas, esa tierra a que desciende suave la bendición de Dios, ese paraíso cuyo fruto es bendito en lo eterno (San Juan Damasceno, Sermón II de la Natividad de Santa María). Ese es un Edén en el cual se desarrollan todos los gérmenes de la gracia, crecen todas las plantas de la virtud, esparcen un agradable aroma las flores de los dones celestiales, extiende sus ramas el árbol de la vida eterna, y el de la verdadera sabiduría se eleva como el cedro del Líbano, para indicar el dominio amable del Salvador. Es un Edén regado por el río de aguas vivas que se esparcen por toda la tierra, y llevan las emanaciones de la gracia , de la vida y del amor. Es un Edén santo y divino, al que en vez de ser conducido un hombre terreno formado en otra parte, se formará un hombre celestial, que es al mismo tiempo Dios antes de todos los siglos. En fin, es un Edén en que no tiene cabida la serpiente antigua sino para ser arrojada de él; en el que el ángel del consejo invita a un fruto bendito, que es la salvación del género humano: un fruto por el cual se abren nuestros ojos a la inteligencia de las cosas eternas, y por el que los hijos de la culpa y de la ira tremenda son verdaderos hijos de Dios y herederos de la gloria del Cielo.
    
CÁNTICO
Cantemos al Señor, pues que se ha ensalzado gloriosamente, y preservó inmaculada a la hermosa Hija de Sion.
Él es el Salvador, mi Dios, el Dios de María: a Él aspiran continuamente los afectos de mi corazón.
Vuestra mano nos había herido en el día del furor: vuestra mano hizo caer a los culpables en el reino de la muerte.
Pero un día enviasteis a la misericordia a encontrarse con la justicia, y el reino de María a consolar a las naciones con el día de la vida.
Había dicho el enemigo: Yo arrojaré en el abismo de la culpa a la que será concebida, y le impondré el yugo de mis cadenas.
Sopló vuestro espíritu, oh Dios mío, y las olas agitadas se cerraron: el enemigo confundido se encontró abismado bajo los pies de ella.
Pasó intacta la inocente Virgen por entre las olas amenazadoras: sus plantas no fueron humedecidas por las aguas del abismo.
Extendió la mano inmaculada desde los confines del Oriente, y la tierra fue bendita con la protección de María.
Y los cielos se sonrieron; y la tierra saludo al nuevo paraíso, el paraíso de gracia que debía acoger a su Salvador.
Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, que preservó inmaculada a María, por los siglos de los siglos. Amén.
    
ORACIÓN
¡Salve, oh única Virgen Inmaculada, más bella y serena que todas las estrellas del cielo, más deliciosa que el paraíso terrenal! ¡Salve, oh única gloria entre las vírgenes de Sion, única alegría de Israel, paz y consuelo de mi alma! ¡Oh Madre de dulzura!, de continuo os llamo en lo intimo de mi corazón, mil y mil veces deseada; a Vos dirijo mis suspiros, desde el rayar el alba hasta el declinar de la tarde. ¿Por qué no me es dado animar todas las cosas criadas para poner en su boca vuestros elogios? ¿Por qué no puedo eternizar en mi espíritu estos trasportes de afecto que tantas veces me inspiráis y difundirlos por donde quiera que se hallen criaturas aptas para amaros, y que todas os ofrezcan su corazón como a su Reina? Entonces, oh María, se llenaría de consuelo mi corazón... la tierra entonaría el cántico de vuestra gloria, y confundido el enemigo, abatida la vanidad del mundo, establecido el reino de vuestro divino Hijo, sólo dominaría la paz... ¡Ah!, la paz, oh Inmaculada mía, la paz que desgraciadamente no me atrevo a esperar acá abajo, pero que Vos me estáis preparando mejor en el cielo. ¡Oh! ¡Salve, inmaculada María! Tres Ave Marías.
   
CONCLUSIÓN PARA CADA UNO DE LOS DÍAS
 
Después de la Letanía Lauretana, se concluirá así: 
  
LATÍN
Tota pulchra es, María,
Et mácula originális non est in Te.
 
Tu glória Jerúsalem,
Tu lætítia Ísraël,
Tu honorificéntia pópuli nostri,
Tu advocáta peccatórum.
  
O María, Virgo prudentíssima,
Mater clementíssima,
Ora pro nobis,
Intercéde pro nobis ad Dóminum Jesum Christum.
  
℣. In Conceptióne tua, Virgo, immaculáta fuísti;
℞. Ora pro nobis, Patrem, cujus Fílium peperísti.
    
ORATIO
Deus, qui per immaculátam Vírginis conceptiónem dignum Fílio tuo habitáculum præparásti: † quǽsumus; ut, qui ex morte ejúsdem Fílii tui prævísa, eam ab omni labe præservásti, nos quoque mundos ejus intercessióne ad te perveníre concédas. Per eúmdem Dóminum nostrum Jesum Christum Fílium tuum: Qui tecum vivit et regnat in unitáte Spíritus Sancti Deus, per ómnia sǽcula sæculórum. Amen.
 
TRADUCCIÓN 
Sois toda hermosa, María,
Y no hay en vos mancha original.
 
Sois la gloria de Jerusalén,
Sois la alegría de Israel,
Sois la honra de los pueblos,
Sois la abogada de los pecadores.
   
Oh María, Virgen prudentísima,
Madre de toda clemencia,
Rogad por nosotros,
Interceded por nosotros con Jesucristo, nuestro Señor.
   
℣. En vuestra concepción, Virgen Santísima, fuisteis inmaculada.
℞. Rogad por nosotros al Padre, cuyo hijo disteis a luz. 
   
ORACIÓN
Dios mío, que por medio de la inmaculada concepción de la Virgen preparasteis una habitación digna para vuestro Hijo, concedednos por su intercesión que conservemos fielmente inmaculado nuestro corazón y nuestro cuerpo para vos, que le preservasteis de toda mancha. Por el mismo Jesucristo, Señor nuestro. Amén.
   
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

lunes, 28 de diciembre de 2020

MES DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE MARÍA - DÍA VIGESIMOCTAVO

Tomado de la obra publicada por el P. Luis Ángel Torcelli OP, traducida y publicada por don Leocadio López en Madrid, año 1861, con aprobación eclesiástica.
 
MES DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE MARÍA SANTÍSIMA
   
         
ORACIONES INICIALES
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
   
℣. Abrid, Señor, mis labios.
℞. Desatad mi lengua para anunciar las grandezas de la Virgen Inmaculada, y cantaré las alabanzas de vuestra misericordia.
   
℣. Venid en mi auxilio, oh Reina inmaculada
℞. Y defendedme de los enemigos de mi alma.
    
Gloria al Padre, gloria al Hijo y al Espíritu Santo, que preservó inmaculada a María por los siglos de los siglos. Amén.
   
HIMNO
    
Coro: Oh Madre dulce y tierna
Oye la triste voz,
La triste voz del mundo,
Que te demanda amor.
   
I
Salve, salve, Inmaculada,
Clara estrella matutina,
Que los cielos ilumina
Y este valle de dolor;
Tú, con fuerza misteriosa
Por salvar la humana gente,
Quebrantaste la serpiente
Que el infierno suscitó.
    
II
Salve, salve, Madre mía,
Tú bendita por Dios eres
Entre todas las mujeres
Y sin culpa original.
Salve, ¡oh Virgen! esperanza
Y remedio apetecido
Del enfermo y desvalido,
Y del huérfano sin pan.
    
III
Tú del nuevo eterno pacto
Eres arca y eres sello;
Luz espléndida, iris bello
De la humana redención.
Tú llevaste en tus entrañas
El que dio a la pobre tierra
Paz y amor, en vez de guerra,
Y a sus crímenes perdón.
    
IV
Eres bella entre las bellas,
Eres santa entre las santas,
Alabándote a tus plantas
Coros de ángeles están.
Resplandece tu pureza
Más que el campo de la nieve,
Y de ti la gracia llueve
Sobre el mísero mortal.
    
V
Virgen cándida, cual lirio,
Eres fuente cristalina
Donde el triste que camina
Va a calmar la ardiente sed.
Gentil palma del desierto,
Que da sombra protectora
Al que su piedad implora
Consagrándole su fe.
   
VI
¡Gloria al Padre, Gloria al Hijo,
En la tierra y en el cielo!
¡Gloria al que es nuestro consuelo,
Al Espíritu de Amor!
Y la Virgen sin mancilla
Siempre viva en la memoria,
Y en su honor repita Gloria
Nuestro amante corazón.
    
DÍA VIGÉSIMOCTAVO - EL SACRIFICIO DE LA INMACULADA
Tullit de fructu illíus et comédit. (Génesis III, 6).
          
El dolor y la desgracia son el acompañamiento del pecado; ¿cómo, pues, María, que fue concebida sin el menor vestigio de culpa, y cuya vida fue tan perfecta, pudo ser acometida por el dolor y la desgracia? Si Eva hubiese conservado el tesoro de la inocencia que Dios la había concedido, la habrían saludado con júbilo las generaciones inocentes y felices, у el dolor no hubiera penetrado en su corazón. Pero la Virgen María es inmaculada en medio de la desolación de los pueblos culpables, en el valle del llanto y de la muerte, ¿cómo podía resistir el contemplar tanta miseria? La gracia y la inocencia no hacen cruel un corazón nacido para amar, antes bien le perfeccionan, le enternecen y le inclinan a la compasión; y María, pura, inocente, inmaculada experimentó el colmo de los dolores. Dios, preservando a María de la culpa virginal, la hizo la más adecuada para ser madre de un Dios, y también para serlo del hombre de los dolores (Isaías LIII, 3). Pero era también conveniente, que así como una virgen criada inmaculada estuvo unida a Adán para sacrificar al género humano en el altar del orgullo, otra virgen siempre inmaculada se uniese a Jesucristo para la salvación de la humanidad, y sacrificase cuanto podía serla más querido en el altar de la humillación y de la cruz. Y así como Jesús, compadecido de nosotros, dio su misma vida, y se hizo el más despreciado y abyecto de los hombres, así también María se unió voluntariamente á aquel sacrificio, haciéndose la más desgraciada de las madres. ¡Qué sacrificio tan inmenso! ¡Una madre que entrega a la cólera de un Dios vengador del pecado a un hijo inocente, sobre el cual pesan las iniquidades de toda la tierra! ¡Una madre que asiste a la muerte de un hijo, que siendo el más hermoso de los hijos de los hombres, por el furor de las crueles turbas y los padecimientos, las heridas y las angustias llega a perder hasta la figura de hombre (Isaías LIII, 2)! ¡Una madre que por amor nuestro quiere compartir las penas del hijo; que por amor del hijo desea sufrir los dolores que la hacen más semejante a él, y deja rienda suelta a las aflicciones, como la deja al amor... el mismo torrente de amargura que inunda al hijo extiende sus aguas sobre ella; y la misma cruz en que se halla clavado, recibe también el corazón de María! Si traspasan su cabeza punzantes espinas, sus puntas destrozan también a María; si le presentan un cáliz de hiel y de vinagre, María bebe toda su amargura; si le atraviesan el costado de una lanzada, María siente en su pecho el golpe y la herida... ¡Ah!, no tengo corazón para contemplar a esta Madre desconsolada, y la pluma se me cae de la mano al considerar los dolores que la hizo sufrir un martirio, cuya intensidad sólo puede comprender una madre: el martirio del corazón... Pero la fuerza que falta a una criatura debilitada por el pecado, María, inmaculada y llena de gracia, la encontró en el fondo de su alma; su pecho pudo muy bien ser desgarrado por los más agudos dolores, pero no se abatió su fortaleza. Pues que su Hijo, abandonado del cielo y de la tierra, no tiene quien le consuele, tampoco quiso ella experimentar el consuelo del llanto, ni de ese abatimiento en que la naturaleza humana descansa algunas veces en la intensidad de los padecimientos; no, reunió todo su vigor para hacer frente a todo, y para compartir con su Hijo hasta el sacrificio de su corazón. ¿Qué sacrificio puede igualarle? Tiembla la tierra, pero no tiembla el pecho de una Virgen inmaculada; rómpese el velo del templo y se oscurece el sol, pero aunque atravesada de mil maneras en lo profundo de sus entrañas, no se oscurece la luz del entendimiento en una Virgen inmaculada; abrense los sepulcros en el luto del universo, pero no se abren sus labios a los lamentos del duelo, y mientras toda la naturaleza se confunde con la muerte de un Dios y el martirio de una inmaculada, ella misma, la inmaculada María, permanece inmóvil a los pies de la cruz, como el sacerdote del sacrificio, como si en aquella sublime actitud, quisiese hablar al mundo redimido, para decirle con su Hijo: «Todo está cumplido» (San Juan XIX, 30).
    
LAMENTACIÓN
¡Oh! ¿Cómo ha envuelto Dios en la nube del dolor a la hermosa Hija de Sion? ¿Cómo ha dejado viuda y abandonada a la ínclita Madre del primogénito de los elegidos?
El Señor la ha colmado de angustia por la multitud de nuestras maldades: ella, inmaculada, ha llevado el peso de nuestras iniquidades.
La han visto las turbas crueles y han despreciado su tristeza: ¿quién podrá expresar los afanes de la Madre dolorosa ?
Grande como el mar es su aflicción; pero no llora, porque se halla seco el manantial de sus lágrimas.
Extiende sus manos compasivas, y no encuentra quien la consuele: es demasiado alta la cruz en que pende su amado Jesús.
Recuerda María los días de la alegría, cuando estrechaba entre sus brazos a su amado, y los ángeles cantaban la gloria y la paz.
Ahora los ángeles de la paz lloran amargamente: la gloria se ha cubierto de confusión y de palidez.
¡Cómo ha cambiado el hermoso color del Hijo! Sus ojos, que inspiraban la vida, están lánguidos, y destilan sangre sus labios que pronunciaban palabras de eterna dulzura...
Su rostro más blanco y puro que la nieve so ha vuelto lívido y de color de muerte.
¡Venid, oh hijas de Sion, a ver a ese Unigénito que una Madre abrazó con el más santo de los amores, y ahora se ve obligada a dejarle en los brazos de una cruz!
¡Venid, oh hijas de Sion, a contemplar a esa Madre desconsolada, y decidme si hay dolor que iguale al suyo!
Se la ha caído de la cabeza la corona de estrellas; se ha oscurecido su resplandor; su corazón se halla traspasado de amargura.
Se halla rodeada de tinieblas la Madre que tenia por vestidura al sol: la Madre de Dios es considerada como la madre de un malhechor...
Dios se ha convertido en un fuerte armado en el día de su furor; traspasa al Hijo y a la Madre; la muerte del Unigénito puso el colmo al martirio de la inmaculada.
¡Llora, alma mía!, corran de tus ojos las lágrimas como dos fuentes: por mí fue martirizado un Dios, por mí fue martirizada la inmaculada María...
Vestíos de luto, oh vírgenes de la tierra: cubríos de ceniza, oh pueblos todos... la Reina de las vírgenes padece al pie de la cruz; la consoladora de las naciones se halla sin consuelo.
Convertíos, oh hijos de María; convertíos al sacrificio de una Virgen inmaculada.
    
ORACIÓN
¿Qué he hecho yo, oh María, para recome pensaros de tanto amor? Vos aceptasteis por mi el cáliz de las amarguras, de las desgracias y de los padecimientos... y yo, ¿qué he hecho por Vos? Con mis repetidas iniquidades he clavado en vuestro pecho la espada de dos filos, traspasando a un mismo tiempo vuestro corazón y el del amable Jesús. ¡Ah!, me hallo confundido... demasiado grandes son mi crueldad y mi ingratitud... ¡Pero vos sois una madre tan dulce y compasiva! Curad mis enfermedades, dad lágrimas a mis ojos, afectos de arrepentimiento a mi alma... cesaré una vez de seros ingrato, y uniéndome a vuestros dolores y a los padecimientos de mi Salvador, recobraré la salud que me ha comprado con su Sangre, y que Vos habéis ayudado a alcanzarme con el martirio de vuestro Corazón inmaculado. Tres Ave Marías.
   
CONCLUSIÓN PARA CADA UNO DE LOS DÍAS
 
Después de la Letanía Lauretana, se concluirá así: 
  
LATÍN
Tota pulchra es, María,
Et mácula originális non est in Te.
 
Tu glória Jerúsalem,
Tu lætítia Ísraël,
Tu honorificéntia pópuli nostri,
Tu advocáta peccatórum.
  
O María, Virgo prudentíssima,
Mater clementíssima,
Ora pro nobis,
Intercéde pro nobis ad Dóminum Jesum Christum.
  
℣. In Conceptióne tua, Virgo, immaculáta fuísti;
℞. Ora pro nobis, Patrem, cujus Fílium peperísti.
    
ORATIO
Deus, qui per immaculátam Vírginis conceptiónem dignum Fílio tuo habitáculum præparásti: † quǽsumus; ut, qui ex morte ejúsdem Fílii tui prævísa, eam ab omni labe præservásti, nos quoque mundos ejus intercessióne ad te perveníre concédas. Per eúmdem Dóminum nostrum Jesum Christum Fílium tuum: Qui tecum vivit et regnat in unitáte Spíritus Sancti Deus, per ómnia sǽcula sæculórum. Amen.
 
TRADUCCIÓN 
Sois toda hermosa, María,
Y no hay en vos mancha original.
 
Sois la gloria de Jerusalén,
Sois la alegría de Israel,
Sois la honra de los pueblos,
Sois la abogada de los pecadores.
   
Oh María, Virgen prudentísima,
Madre de toda clemencia,
Rogad por nosotros,
Interceded por nosotros con Jesucristo, nuestro Señor.
   
℣. En vuestra concepción, Virgen Santísima, fuisteis inmaculada.
℞. Rogad por nosotros al Padre, cuyo hijo disteis a luz. 
   
ORACIÓN
Dios mío, que por medio de la inmaculada concepción de la Virgen preparasteis una habitación digna para vuestro Hijo, concedednos por su intercesión que conservemos fielmente inmaculado nuestro corazón y nuestro cuerpo para vos, que le preservasteis de toda mancha. Por el mismo Jesucristo, Señor nuestro. Amén.
   
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

domingo, 27 de diciembre de 2020

MES DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE MARÍA - DÍA VIGESIMOSÉPTIMO

Tomado de la obra publicada por el P. Luis Ángel Torcelli OP, traducida y publicada por don Leocadio López en Madrid, año 1861, con aprobación eclesiástica.
 
MES DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE MARÍA SANTÍSIMA
   
         
ORACIONES INICIALES
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
   
℣. Abrid, Señor, mis labios.
℞. Desatad mi lengua para anunciar las grandezas de la Virgen Inmaculada, y cantaré las alabanzas de vuestra misericordia.
   
℣. Venid en mi auxilio, oh Reina inmaculada
℞. Y defendedme de los enemigos de mi alma.
    
Gloria al Padre, gloria al Hijo y al Espíritu Santo, que preservó inmaculada a María por los siglos de los siglos. Amén.
   
HIMNO
    
Coro: Oh Madre dulce y tierna
Oye la triste voz,
La triste voz del mundo,
Que te demanda amor.
   
I
Salve, salve, Inmaculada,
Clara estrella matutina,
Que los cielos ilumina
Y este valle de dolor;
Tú, con fuerza misteriosa
Por salvar la humana gente,
Quebrantaste la serpiente
Que el infierno suscitó.
    
II
Salve, salve, Madre mía,
Tú bendita por Dios eres
Entre todas las mujeres
Y sin culpa original.
Salve, ¡oh Virgen! esperanza
Y remedio apetecido
Del enfermo y desvalido,
Y del huérfano sin pan.
    
III
Tú del nuevo eterno pacto
Eres arca y eres sello;
Luz espléndida, iris bello
De la humana redención.
Tú llevaste en tus entrañas
El que dio a la pobre tierra
Paz y amor, en vez de guerra,
Y a sus crímenes perdón.
    
IV
Eres bella entre las bellas,
Eres santa entre las santas,
Alabándote a tus plantas
Coros de ángeles están.
Resplandece tu pureza
Más que el campo de la nieve,
Y de ti la gracia llueve
Sobre el mísero mortal.
    
V
Virgen cándida, cual lirio,
Eres fuente cristalina
Donde el triste que camina
Va a calmar la ardiente sed.
Gentil palma del desierto,
Que da sombra protectora
Al que su piedad implora
Consagrándole su fe.
   
VI
¡Gloria al Padre, Gloria al Hijo,
En la tierra y en el cielo!
¡Gloria al que es nuestro consuelo,
Al Espíritu de Amor!
Y la Virgen sin mancilla
Siempre viva en la memoria,
Y en su honor repita Gloria
Nuestro amante corazón.
    
DÍA VIGÉSIMOSÉPTIMO - LA SERPIENTE
Ipsa cónteret caput tuum. (Génesis III, 15).
          
El hombre no fue la única criatura formada por la eterna Sabiduría; y así como tenía, cual rey de la creación terrestre, una infinidad de seres que le estaban sometidos, formaba con ellos el último anillo de otro indefinible número de criaturas superiores a él. De este modo, mientras que extendía su influencia por el mundo exterior, los espíritus angélicos habían nacido para ejercerla sobre él, у mientras que los ángeles de la virtud le inspiraban el medio de completar el hermoso edificio de sus méritos, el ángel de la culpa procuraba instigarle a su destrucción (Santo Tomás de Aquino, Suma Teológica, parte II-IIæ, cuestión 165, art. 1). Pero el hombre era demasiado sabio, y el ángel rebelde, usando de toda la astucia que podía sacar del abismo de la maldad, se aproximó a su dulce compañera, la que siendo menos sabia, era también menos difícil que prestase oídos a sus malignas sugestiones. Sabemos por la Historia Sagrada que el enemigo del género humano, tomando la figura de una serpiente, logró convencer a Eva, y después por medio de ella a su consorte. Todavía experimentamos en las miserias de la vida y en los dolores de la muerte los tristes efectos de ruina tan inmensa. Pero Dios había prometido otra mujer que seria eternamente enemiga del espíritu de las tinieblas y que quebrantaría su cabeza maldita. Esa mujer bienaventurada era María: Ella, permaneciendo libre de las cadenas del demonio, cuando toda la tierra gemía en la esclavitud, le fue siempre tan contraria, cuanto la inocencia es opuesta a la culpa, cuanto la vida es opuesta a la muerte; Ella fue la que, dando a luz al reparador y vencedor de la culpa y de la muerte, destruyó el edificio que el infierno había fabricado sobre las ruinas de la inocencia, y con su pie inmaculado destrozó la cabeza soberbia de un demonio abatido, vencido y sujeto. Si nos fuese permitido hacer comparaciones de la malicia de la antigua serpiente que destruyó una de las más hermosas obras de Dios, con la sabiduría de ese mismo Dios, que para confundir su soberbia se valió de sus mismos medios para arrebatarle la presa, ninguna podría presentarse más patente que esta admirable semejanza en el modo de proceder. Al fijar nuestra consideración en la serpiente que sedujo a Eva con la promesa de falsas grandezas, no podemos menos de recordar al Señor, que nos preparó en María una mujer destinada a seducir (San Bernardo, Homilía II sobre Missus est) aquella misma serpiente con tener oculta su verdadera grandeza. ¿Quién no descubrirá la sabiduría de un Dios, que con hacer descender a María de una estirpe corrompida encubre su inmaculada concepción, con hacerla casar con un hombre de la tierra oculta su perpetua virginidad, y con someterla a las miserias de la vida esconde, por decirlo así, a la madre bienaventurada de un Dios? El demonio se había valido de Eva para obtener de Adán que fuese el origen de la perdición de la naturaleza humana. Dios se sirvió de María para tener en Jesucristo un salvador; el demonio instigó al sexo más débil para llegar por su medio a satisfacer su soberbia, y Dios se la confundió completamente haciéndola vencer por el mismo sexo, y sujetándolo a los pies de una mujer. El demonio, engañando a Eva, se preparaba en la mujer uno de los instrumentos más perniciosos, no sólo para comenzar, sino para continuar a través de los siglos la obra de perdición. Dios, preservando a María de la culpa para hacerla su Madre, se preparaba, no sólo el medio más adecuado para obrar la redención, sino también el arma más fuerte para defender sus efectos en los siglos venideros. El arma dulcísima de una virgen inmaculada, que nos invita con su belleza a seguirla por el camino de la gracia: el alma amabilísima de una madre tierna y compasiva, a cuyas invitaciones no hay corazón que resista, ni hay ánimo tan duro y tan pérfido que no se mueva a sentimientos de una vida nueva.
     
CÁNTICO
Dijo el Señor a la inmaculada mía: Siéntate a la diestra de mi Hijo.
Para que ponga a la antigua serpiente como banqueta a tus pies.
Desde Sion extenderás como Reina el cetro de tu poder: el dominio amable de la Madre de un Dios Salvador.
Contigo será el principio de la eterna luz: tú le precederás como estrella de la mañana, y le acogerás en tu seno para iluminar la tierra.
Por eso Dios lo ha jurado y no se mudará: serás inmaculada en lo eterno y fuera del orden de toda otra criatura.
El Señor estará siempre a tu lado, y romperá con tu brazo las cadenas de la culpa. Libertará a las naciones del yugo de la muerte: reparará las ruinas y consolidará la silla de la paz, del amor y de la gloria.
Tu reino se establecerá sobre el enemigo, y cuantas veces trate de levantarse, con la virtud de tus pies le quebrantarás la cabeza.
Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, que preservó inmaculada a María, por los siglos de los siglos. Amén.
    
ORACIÓN
No me basta, oh María, el que hayáis vencido al infernal enemigo, y que le hayáis derribado y colocado bajo vuestros pies inmaculados: le debéis todavía derrotar dentro de mi espíritu, expulsándole de un corazón que debe ser todo vuestro; no me basta que le apartéis de mí, si no ilumináis también mi mente para que pueda conocer todas sus astucias, sus asechanzas y sus engaños; si no fortalecéis mi pecho para que presente un muro inexpugnable a sus asaltos, y sobre todo, si no contenéis mis pasiones para que no me acarreen mi ruina eterna: ellas son, Virgen inmaculada , ellas son las que me hacen traición, ellas son las que abren la puerta al enemigo de mi alma, ellas son las que me han perdido, vencido y encadenado. Venid a sostenerme, ¡oh María!, al aparecer vuestros rayos inmaculados, aplacado el tumulto de mis afectos, el demonio, que hasta ahora me sojuzgaba, huirá despavorido y vencido a sepultarse en las tinieblas; y yo, iluminada la mente y purificado el corazón, podré alabaros, serviros y gozaros por toda la eternidad. Tres Ave Marías.
   
CONCLUSIÓN PARA CADA UNO DE LOS DÍAS
 
Después de la Letanía Lauretana, se concluirá así: 
  
LATÍN
Tota pulchra es, María,
Et mácula originális non est in Te.
 
Tu glória Jerúsalem,
Tu lætítia Ísraël,
Tu honorificéntia pópuli nostri,
Tu advocáta peccatórum.
  
O María, Virgo prudentíssima,
Mater clementíssima,
Ora pro nobis,
Intercéde pro nobis ad Dóminum Jesum Christum.
  
℣. In Conceptióne tua, Virgo, immaculáta fuísti;
℞. Ora pro nobis, Patrem, cujus Fílium peperísti.
    
ORATIO
Deus, qui per immaculátam Vírginis conceptiónem dignum Fílio tuo habitáculum præparásti: † quǽsumus; ut, qui ex morte ejúsdem Fílii tui prævísa, eam ab omni labe præservásti, nos quoque mundos ejus intercessióne ad te perveníre concédas. Per eúmdem Dóminum nostrum Jesum Christum Fílium tuum: Qui tecum vivit et regnat in unitáte Spíritus Sancti Deus, per ómnia sǽcula sæculórum. Amen.
 
TRADUCCIÓN 
Sois toda hermosa, María,
Y no hay en vos mancha original.
 
Sois la gloria de Jerusalén,
Sois la alegría de Israel,
Sois la honra de los pueblos,
Sois la abogada de los pecadores.
   
Oh María, Virgen prudentísima,
Madre de toda clemencia,
Rogad por nosotros,
Interceded por nosotros con Jesucristo, nuestro Señor.
   
℣. En vuestra concepción, Virgen Santísima, fuisteis inmaculada.
℞. Rogad por nosotros al Padre, cuyo hijo disteis a luz. 
   
ORACIÓN
Dios mío, que por medio de la inmaculada concepción de la Virgen preparasteis una habitación digna para vuestro Hijo, concedednos por su intercesión que conservemos fielmente inmaculado nuestro corazón y nuestro cuerpo para vos, que le preservasteis de toda mancha. Por el mismo Jesucristo, Señor nuestro. Amén.
   
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

sábado, 26 de diciembre de 2020

MES DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE MARÍA - DÍA VIGESIMOSEXTO

Tomado de la obra publicada por el P. Luis Ángel Torcelli OP, traducida y publicada por don Leocadio López en Madrid, año 1861, con aprobación eclesiástica.
 
MES DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE MARÍA SANTÍSIMA
   
         
ORACIONES INICIALES
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
   
℣. Abrid, Señor, mis labios.
℞. Desatad mi lengua para anunciar las grandezas de la Virgen Inmaculada, y cantaré las alabanzas de vuestra misericordia.
   
℣. Venid en mi auxilio, oh Reina inmaculada
℞. Y defendedme de los enemigos de mi alma.
    
Gloria al Padre, gloria al Hijo y al Espíritu Santo, que preservó inmaculada a María por los siglos de los siglos. Amén.
   
HIMNO
    
Coro: Oh Madre dulce y tierna
Oye la triste voz,
La triste voz del mundo,
Que te demanda amor.
   
I
Salve, salve, Inmaculada,
Clara estrella matutina,
Que los cielos ilumina
Y este valle de dolor;
Tú, con fuerza misteriosa
Por salvar la humana gente,
Quebrantaste la serpiente
Que el infierno suscitó.
    
II
Salve, salve, Madre mía,
Tú bendita por Dios eres
Entre todas las mujeres
Y sin culpa original.
Salve, ¡oh Virgen! esperanza
Y remedio apetecido
Del enfermo y desvalido,
Y del huérfano sin pan.
    
III
Tú del nuevo eterno pacto
Eres arca y eres sello;
Luz espléndida, iris bello
De la humana redención.
Tú llevaste en tus entrañas
El que dio a la pobre tierra
Paz y amor, en vez de guerra,
Y a sus crímenes perdón.
    
IV
Eres bella entre las bellas,
Eres santa entre las santas,
Alabándote a tus plantas
Coros de ángeles están.
Resplandece tu pureza
Más que el campo de la nieve,
Y de ti la gracia llueve
Sobre el mísero mortal.
    
V
Virgen cándida, cual lirio,
Eres fuente cristalina
Donde el triste que camina
Va a calmar la ardiente sed.
Gentil palma del desierto,
Que da sombra protectora
Al que su piedad implora
Consagrándole su fe.
   
VI
¡Gloria al Padre, Gloria al Hijo,
En la tierra y en el cielo!
¡Gloria al que es nuestro consuelo,
Al Espíritu de Amor!
Y la Virgen sin mancilla
Siempre viva en la memoria,
Y en su honor repita Gloria
Nuestro amante corazón.
    
DÍA VIGÉSIMOSEXTO - LA MADRE DE LOS DESVENTURADOS
In dolóres páriet fílios. (Génesis III, 16).
          
Dios no creó el dolor... En la feliz mansión de los inmaculados, un gozo de toda pureza debía establecer su dominio permanente en el corazón del hombre: un gozo quieto y tranquilo sin memoria de males, sin idea alguna de peligros, sin sombra de temor, sin ser precedido de afanes ni de ese ardiente deseo que comprime, destruye y consume el espíritu: un gozo purísimo cual podía formarle un Dios, cual podía disfrutarle una criatura inocente. Dios no creó el dolor al dar el ser con sus propias manos á una inmaculada, para que fuese madre de los vivientes: quería establecer sobre la tierra á la madre de las generaciones felices. María, que nació para reasumir en sí misma todos los títulos y prerrogativas de la primera inmaculada, no podía por otra parte acumular un titulo tan venturoso. La culpa había abierto ya las puertas del dolor, las penalidades y afanes habían crecido al aumentarse los pueblos, y los dolores más agudos herían acerbamente hasta su mismo corazón inmaculado. María, en medio del llanto de las generaciones de la tierra, fue la madre de los desventurados. Pero ese título tan humilde en la madre de aquel Sabio que había de arreglar todas las cosas (Efesios I, 10) en un misterio en que la misericordia y el amor coronaron la humillación con la diadema de la gloria, debía producir un título de nuevo júbilo, un título que diese expansión a un gozo no conocido en los siglos. Ese es el gozo del verdadero cristiano, que en medio de las penalidades de la vida se consuela con el pensamiento, de que una madre inmaculada le ha precedido en participar del cáliz de la amargura. Ese es el gozo de los hijos benditos de María, que entre la acerba memoria de sus faltas descubren una Virgen inmaculada, que ofrece las lágrimas de su dolor para aliviar nuestras penas. Ese es el gozo de los felices amantes de María, que al contemplar en ella esa unión admirable de inocencia y de desventura, ese prodigio de amor y de piedad, se sienten inspirados de los más tiernos trasportes del corazón, para formar su delicia de aquellos padecimientos que, elegidos por una inmaculada tan sólo por nuestro provecho, vienen también a ser el origen de nuestra gloria. Ese es un gozo, que si bien se alimenta de humillaciones, de dolores y sacrificios, es un gozo que la Madre de un Dios humillado, la Madre de un Dios que padece, la Madre de un Dios que se sacrifica por la humana progenie, ha convertido en gozo divino. Así, mientras la madre de los felices se hace madre del dolor, la 'madre de los desventurados viene a ser la consoladora de los afligidos; y mientras que la madre de los felices produjo la desgracia eterna, María, madre de los desventurados, produce la eterna felicidad.
    
CÁNTICO
Por Vos, oh Virgen inmaculada mía, por Vos suspiro desde que aparece la luz.
De Vos tiene sed mi alma; ¡con cuanto anhelo os desea continuamente mi corazón!
De Vos me acuerdo en mi lecho por la mañana, y a la sombra de vuestras alas reposo durante la noche.
En el dolor y la angustia me acuerdo de Vos y encuentro consuelo: ¡también fuisteis desgraciada, María!
Y me fue dulce el dolor al pensar en Vos: gocé en la tribulación, y os bendije en los trasportes de mi corazón.
En vuestras manos encomiendo mi espíritu; vuestra diestra le sostendrá en lo eterno.
Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, que preservó inmaculada a María, por los siglos de los siglos. Amén.
    
ORACIÓN
Por Vos, oh María suspiran todas las almas afligidas; a Vos elevo mis ojos en el llanto para implorar vuestro socorro. No son los dolores de una vida de destierro, no son las amarguras bien merecidas por mis faltas las que me impelen a postrarme a vuestros pies: mis desventuras son muchas y muy grandes, dignas de compasión y de lágrimas eternas. Mi desventura es la miseria de mi alma, que se aumenta continuamente con el número de mis días. Mi desgracia es un deseo engañoso de vida perfecta, que sólo sirve para adormecerme en la culpa. Mi desgracia son los proyectos de un futuro arrepentimiento, que no son otra cosa que un sutil artificio de mis pasiones para fascinarme y dirigirme por el lúbrico sendero de la impenitencia. Despertadme, oh inmaculada María, despertadme de tan funesto letargo: las lágrimas del arrepentimiento me harán experimentar ese gozo que no puedo tener en medio de la iniquidad; y pues que no puedo imitaros en la inmaculada belleza, os imitaré al menos en la penitencia bienaventurada entre las bendiciones de vuestro nombre, entre los tiempos de la gracia que Dios os ha conferido para beneficio de vuestro hijos desventurados. Tres Ave Marías.
   
CONCLUSIÓN PARA CADA UNO DE LOS DÍAS
 
Después de la Letanía Lauretana, se concluirá así: 
  
LATÍN
Tota pulchra es, María,
Et mácula originális non est in Te.
 
Tu glória Jerúsalem,
Tu lætítia Ísraël,
Tu honorificéntia pópuli nostri,
Tu advocáta peccatórum.
  
O María, Virgo prudentíssima,
Mater clementíssima,
Ora pro nobis,
Intercéde pro nobis ad Dóminum Jesum Christum.
  
℣. In Conceptióne tua, Virgo, immaculáta fuísti;
℞. Ora pro nobis, Patrem, cujus Fílium peperísti.
    
ORATIO
Deus, qui per immaculátam Vírginis conceptiónem dignum Fílio tuo habitáculum præparásti: † quǽsumus; ut, qui ex morte ejúsdem Fílii tui prævísa, eam ab omni labe præservásti, nos quoque mundos ejus intercessióne ad te perveníre concédas. Per eúmdem Dóminum nostrum Jesum Christum Fílium tuum: Qui tecum vivit et regnat in unitáte Spíritus Sancti Deus, per ómnia sǽcula sæculórum. Amen.
 
TRADUCCIÓN 
Sois toda hermosa, María,
Y no hay en vos mancha original.
 
Sois la gloria de Jerusalén,
Sois la alegría de Israel,
Sois la honra de los pueblos,
Sois la abogada de los pecadores.
   
Oh María, Virgen prudentísima,
Madre de toda clemencia,
Rogad por nosotros,
Interceded por nosotros con Jesucristo, nuestro Señor.
   
℣. En vuestra concepción, Virgen Santísima, fuisteis inmaculada.
℞. Rogad por nosotros al Padre, cuyo hijo disteis a luz. 
   
ORACIÓN
Dios mío, que por medio de la inmaculada concepción de la Virgen preparasteis una habitación digna para vuestro Hijo, concedednos por su intercesión que conservemos fielmente inmaculado nuestro corazón y nuestro cuerpo para vos, que le preservasteis de toda mancha. Por el mismo Jesucristo, Señor nuestro. Amén.
   
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

viernes, 25 de diciembre de 2020

MES DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE MARÍA - DÍA VIGESIMOQUINTO

Tomado de la obra publicada por el P. Luis Ángel Torcelli OP, traducida y publicada por don Leocadio López en Madrid, año 1861, con aprobación eclesiástica.
 
MES DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE MARÍA SANTÍSIMA
   
         
ORACIONES INICIALES
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
   
℣. Abrid, Señor, mis labios.
℞. Desatad mi lengua para anunciar las grandezas de la Virgen Inmaculada, y cantaré las alabanzas de vuestra misericordia.
   
℣. Venid en mi auxilio, oh Reina inmaculada
℞. Y defendedme de los enemigos de mi alma.
    
Gloria al Padre, gloria al Hijo y al Espíritu Santo, que preservó inmaculada a María por los siglos de los siglos. Amén.
   
HIMNO
    
Coro: Oh Madre dulce y tierna
Oye la triste voz,
La triste voz del mundo,
Que te demanda amor.
   
I
Salve, salve, Inmaculada,
Clara estrella matutina,
Que los cielos ilumina
Y este valle de dolor;
Tú, con fuerza misteriosa
Por salvar la humana gente,
Quebrantaste la serpiente
Que el infierno suscitó.
    
II
Salve, salve, Madre mía,
Tú bendita por Dios eres
Entre todas las mujeres
Y sin culpa original.
Salve, ¡oh Virgen! esperanza
Y remedio apetecido
Del enfermo y desvalido,
Y del huérfano sin pan.
    
III
Tú del nuevo eterno pacto
Eres arca y eres sello;
Luz espléndida, iris bello
De la humana redención.
Tú llevaste en tus entrañas
El que dio a la pobre tierra
Paz y amor, en vez de guerra,
Y a sus crímenes perdón.
    
IV
Eres bella entre las bellas,
Eres santa entre las santas,
Alabándote a tus plantas
Coros de ángeles están.
Resplandece tu pureza
Más que el campo de la nieve,
Y de ti la gracia llueve
Sobre el mísero mortal.
    
V
Virgen cándida, cual lirio,
Eres fuente cristalina
Donde el triste que camina
Va a calmar la ardiente sed.
Gentil palma del desierto,
Que da sombra protectora
Al que su piedad implora
Consagrándole su fe.
   
VI
¡Gloria al Padre, Gloria al Hijo,
En la tierra y en el cielo!
¡Gloria al que es nuestro consuelo,
Al Espíritu de Amor!
Y la Virgen sin mancilla
Siempre viva en la memoria,
Y en su honor repita Gloria
Nuestro amante corazón.
    
DÍA VIGÉSIMOQUINTO - EL NOMBRE DE LA INMACULADA
Et vocábit Adam nomen uxóris suæ Heva. (Génesis III, 20).
          
Cuando Dios crió a Adán a su imagen y semejanza, le hizo el más bello y el más feliz de los hombres, y le adornó con todas las luces de la ciencia que eran convenientes a su condición (Santo Tomás de Aquino, Suma Teológica, parte I, cuestión 96, art. 3). De ese saber se aprovechó Adán para imponer su dominación a los animales de la tierra, y tanto a estos como a las aves del aire, nombres que representasen la naturaleza y las tendencias de cada uno de ellos, y de esa ciencia, aunque debilitada ya por el pecado, hizo uso para llamar a su muy amada compañera, con un nombre adoptado al fin para que había sido criada. Pero aquel nombre que no conservaba de verdadero más que el ser una imagen de una virgen más bienaventurada, esperada desde entonces en el progreso de los siglos, debía ceder su lugar a un nombre más bello, a un nombre que, exento de todo recuerdo desconsolador, nos hiciese gustar las dulzuras de una nueva inmaculada, destinada a hacer olvidar todas las amarguras de la primera. Ese nombre suavísimo que debía ser el emblema de la paz sobre la tierra, ese nombre establecido para formar las delicias de los ángeles y de los hombres, y para ensalzar las glorias de la divina misericordia, fue el nombre inmaculado de María. María fue el nombre bienaventurado con que el Adán de la regeneración llamó a su nueva esposa: María, el nombre con que el sapientísimo entre los hijos del hombre expresó la dulzura de su misión: María, el nombre glorioso que el Hijo de un Dios quiso que saludase la tierra, como la aurora del sol de la gracia; y María fue el nombre que estaba decretado en la eternidad que brillaría en la historia del pueblo escogido y en la libertad de Egipto, que tantas veces sería pronunciada por los mismos labios de un Dios, y que atravesando los siglos despertaría en nosotros las más tiernas memorias que pueden presentarse en lo intimo del corazón. María fue el nombre de la inmaculada hija del Padre de los cielos, la única rosa sin espinas, la Virgen de las vírgenes coronada de estrellas, hermosa como la luna, y resplandeciente como el sol. El nombre de María es el que, elevando nuestro espíritu a los secretos misterios de Dios, nos hace contemplar a la esposa inmaculada del Espíritu Santo, la esperanza de las naciones, la llena de gracia, la bendita entre todas las mujeres. El nombre de María es el que, llenando nuestra alma de los más tiernos consuelos, nos conduce a la bienaventurada Belén a ver a la inmaculada Virgen Madre de un Dios, la gloria de Sion, la alegría de Israel, la reina de la paz, de la piedad y de la redención. Este nombre es el que con una secreta atracción de esperanza y de confianza nos inunda el corazón de una celestial dulzura: ése es el nombre que pronunciamos con veneración y amor: ése, el que imploramos en la adversidad y en los peligros; pues que mientras nos recuerda el modelo de toda perfección formado por las manos de Dios, nos hace también pensar en nuestra hermana piadosa, en la Madre de los desgraciados, en la Consoladora de los afligidos, y en la fuente de ese divino amor que es el único que puede hacernos dichosos en la vida eterna.
    
CÁNTICO
¡Oh! María me sonrió en el día de la tribulación: seré consolado en el nombre de la inmaculada mía.
Me prestará su auxilio desde lo alto del cielo, y me protegerá desde la Sion santa.
Y me dará lo que desea mi corazón, el habitar con ella por los siglos de los siglos.
Mi espíritu se regocijará con la alegría de la bienaventuranza, y habré triunfado en el nombre bendito de María.
Busquen otros su placer en el fausto y en las riquezas de la tierra: mi corazón se alimenta con las delicias de la Reina de los cielos.
Cifren otros su gloria en el lisonjero esplendor de la vanidad y del orgullo: mi gloria es el inmaculado esplendor de la Madre de un Dios.
Procuren otros hacer volar su nombre en alas de la fama; el nombre inmaculado de María es mi fama, mi deseo, mi corona.
Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, que preservó inmaculada a María, por los siglos de los siglos. Amén.
    
ORACIÓN
¡Con cuánta dulzura resuena vuestro nombre en mi corazón, oh inmaculada María! ¡Cuán suave es a mi oído cuando le repiten las voces de vuestros hijos! ¡Con cuánto placer se fija en mis labios cuando le pronuncio en mis oraciones, y cuán consolador penetra en mi alma en los días de aflicción y de miseria! Vuestro nombre, ¡oh María!, es el que forma la paz de mi espíritu, la esperanza de mi alma, el refugio dulcísimo de las tribulaciones de mi vida. Cuantas veces le invoco otras tantas siento enternecerse mi corazón de una manera tan fuerte que no puedo resistir, por más grande que sea la dureza de mi pecho; y a pesar mío, asoma a mis ojos una lágrima... una lágrima, ¡oh María!, mezclada de dolor y de júbilo, de confusión y de esperanza: lágrima de dolor, al observar por una parte las muchas iniquidades de que me hallo cubierto, y lágrima de gozo al considerar por otra la excesiva bondad con que no cesáis de llamarme a vuestro seno: lágrima de confusión al contemplar la manera dulce y suave con que vencéis mi indigno corazón, y lágrima de esperanza al pensar en vuestro maternal amor, tan pronto siempre a bendecirme con la gracia del cielo. Haced, ¡oh inmaculada mía!, que sean eficaces mis sollozos para purgarme de la culpa: que de aquí adelante sean siempre puros mis suspiros, rectos mis deseos, y santificadas todas mis obras, para que con vuestro nombre en los labios, con vuestro nombre en el corazón, pueda algún día exhalar mi último aliento entre los convidados de la patria celestial. Concluidas las lágrimas y los dolores, gozaré finalmente en vuestro inmaculado abrazo, la gloria de ese Dios piadoso, que en la más tierna efusión de su amor ha querido consolarme en vuestro suavísimo nombre, ¡oh dulce, oh amable, oh inmaculada Virgen María! Tres Ave Marías.
   
CONCLUSIÓN PARA CADA UNO DE LOS DÍAS
 
Después de la Letanía Lauretana, se concluirá así: 
  
LATÍN
Tota pulchra es, María,
Et mácula originális non est in Te.
 
Tu glória Jerúsalem,
Tu lætítia Ísraël,
Tu honorificéntia pópuli nostri,
Tu advocáta peccatórum.
  
O María, Virgo prudentíssima,
Mater clementíssima,
Ora pro nobis,
Intercéde pro nobis ad Dóminum Jesum Christum.
  
℣. In Conceptióne tua, Virgo, immaculáta fuísti;
℞. Ora pro nobis, Patrem, cujus Fílium peperísti.
    
ORATIO
Deus, qui per immaculátam Vírginis conceptiónem dignum Fílio tuo habitáculum præparásti: † quǽsumus; ut, qui ex morte ejúsdem Fílii tui prævísa, eam ab omni labe præservásti, nos quoque mundos ejus intercessióne ad te perveníre concédas. Per eúmdem Dóminum nostrum Jesum Christum Fílium tuum: Qui tecum vivit et regnat in unitáte Spíritus Sancti Deus, per ómnia sǽcula sæculórum. Amen.
 
TRADUCCIÓN 
Sois toda hermosa, María,
Y no hay en vos mancha original.
 
Sois la gloria de Jerusalén,
Sois la alegría de Israel,
Sois la honra de los pueblos,
Sois la abogada de los pecadores.
   
Oh María, Virgen prudentísima,
Madre de toda clemencia,
Rogad por nosotros,
Interceded por nosotros con Jesucristo, nuestro Señor.
   
℣. En vuestra concepción, Virgen Santísima, fuisteis inmaculada.
℞. Rogad por nosotros al Padre, cuyo hijo disteis a luz. 
   
ORACIÓN
Dios mío, que por medio de la inmaculada concepción de la Virgen preparasteis una habitación digna para vuestro Hijo, concedednos por su intercesión que conservemos fielmente inmaculado nuestro corazón y nuestro cuerpo para vos, que le preservasteis de toda mancha. Por el mismo Jesucristo, Señor nuestro. Amén.
   
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.